Esa vez, deseosos de aventuras, me escapé algunos compañeros y nos dispusimos a explorar a la escuela de noche, desde luego, más oscura y más misteriosa que de día. Además, mi colegio tenía 5 pisos, tres de los cuales eran del secundario y nos era un espacio vedado, casi prohibido, que debía ser conocido.
Nos metimos en aulas, revolvimos cosas, escapamos a las corridas del portero que amenazaba con acusarnos con nuestros papás que estaban abajo, espíamos por cerraduras y hasta intentamos forzar las puertas de la sala de dirección. Era como todo un mundo nuevo.
Para hacer una analogía, hace unos pocos días empecé a cursar de noche en la facultad. Jamás había ido pasadas las 4 de la tarde, así que también era como una especie de mundo nuevo. Lejos de ser tan atractiva como la escuela de noche, me sorprendió la cantidad de gente que había. De hecho, estuve 10 minutos reloj en pleno intento de atravesar la marea humana de gente que se iba, gente que entraba y gente que quería sacar fotocopias. Parecía un boliche en su esplendor, con similar olor a cigarrillo y sudor incluido.
Las personas que cursan a la noche también son otra cosa, completamente diferente a mis compañeros de la mañana. No quisiera parecer la nenita que descubre el mundo de los grandes, pero la gran mayoría están con traje, ojeras y cansancio arrastrado del día.
En una de mis comisiones, la mitad son así, la otra mitad no sé y hay un par que merecen unas líneas (no podía faltar).

Hay un viejo que tiene, a falta de dos, tres pares de anteojos, que se pone uno sobre los ojos, otro sobre la cabeza y el otro sostenido de forma que desconozco en la frente. Supongo que uno es para mirar de cerca, otro para mirar de lejos. El tercero ignoro para qué es... Encima, se le viven cayendo las cosas, por lo que los tres pares de anteojos siempre tienen como destino terminar en el suelo.
Además, en otra, tengo un compañero que es idéntico al emo de Capusotto. Cuando habla, sonríe o baja la cabeza para escribir, no puedo evitar pensar automáticamente en la canción: "No hay coca, hay pepsi...".
Al margen, hay una mina que se la pasa hablando sola.
Ojo, no quiero decir que los que van de día sean normales, pero que me perdonen, esas cosas a la mañana no se ven..
