El rugby siempre fue considerado un deporte duro, sólo apto para machos. Pocas personas saben, sin embargo, que las mujeres irrumpieron en este mundo de hombres hace una década atrás y que lentamente fueron construyendo su propio espacio. Recién en 2004, la Unión Argentina de Rugby (UAR) y la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) las reconocieron oficialmente. Hoy en día, en la Argentina hay cerca de 17 equipos de rugby femenino, 5 de los cuales se ubican en la provincia de Buenos Aires: Ñandú, Muni, GEI, el Don Bosco y Malén, de Bahía Blanca.
El primer equipo formado fue Ñandú. En 1997, el responsable del coaching de la Unión Argentina de Rugby (UAR) y docente del Instituto Romero Brest de Educación Física, Jorge Braceras, propuso el taller de rugby femenino. Varias estudiantes del profesorado de gimnasia aceptaron y comenzaron a entrenar con la pelota ovalada. El 8 de noviembre de ese mismo año, el seleccionado argentino, Los Pumas, jugaba un partido contra Australia en la cancha de Ferro. Media hora antes del encuentro, veinte chicas salieron al campo e inauguraron el rugby femenino en Argentina. La exhibición despertó más críticas que apoyo. No obstante, las chicas de Ñandú no se dieron por vencidas. En el 2000, se incorporaron al club de Vicente López (VILO).
Si bien las Ñandú son conocidas como las pioneras, los inicios de este deporte datan de más tiempo en el club de Gimnasia y Esgrima de Ituizaingó (GEI). En los años 80, un grupo de madres que llevaban a sus hijos a jugar al rugby decidieron empezar practicarlo también, pero como hobby. “De a poco, lo comenzamos a fomentar con el boca a boca y a promocionarlo en profesorados de Educación Física”, señala el entrenador Gustavo Núñez. Desde hace tres años que el equipo está formado oficialmente y con el aval del club para que la enseñanza sea similar a las categorías infantiles. “En este momento, estamos en el nivel tres de coaching y tenemos un grupo estable de 20 jugadoras”, se enorgullece Núñez.

Club Ciudad de Buenos Aires
En el Club Ciudad de Buenos Aires (Muni), las cosas no fueron tan simples. Hace 6 años comenzaron a entrenar, pero las chicas sufrieron un sinfín de idas y venidas. “No había un interés desde la dirigencia para que existiéramos”, advierte Laura Borodnikoff, una de las jugadoras más antiguas. La capitana Sabrina Del Percio explica que al principio tenían 15 integrantes y llegaron a ser 25. Por las presiones familiares y la desorganización, fueron perdiendo gente. En marzo de este año eran 4. Ahora son 25 otra vez. “Después del Mundial, se sumaron muchas chicas, de todas las edades”, afirma Sabrina.
El torneo al que hace referencia no es más ni menos que el Mundial de Rugby disputado este año en Francia, en el que Los Pumas obtuvieron un histórico tercer puesto. La pumamanía desatada en Argentina se extendió a las mujeres. “Nos vino bárbaro, le dio otro impulso al deporte”, sostiene Laura. “El boom del Mundial sirvió para captar jugadoras, nuestro desafío ahora es retenerlas”, puntualiza. “El envión habrá sido bueno, pero no llegó a las chicas”, disiente, por su lado, el instructor de Ñandú Maximiliano Capano Pérez.
Uno de los grandes retos que enfrentan los clubes es atraer a un público femenino más joven. La mayoría de las rugbiers son personas grandes. “Recién ahora está bajando la edad”, asevera Laura. “El problema es que ningún padre mandaría a sus hijas a jugar al rugby”. El presidente interino de la Subcomisión de Difusión de la URBA, Eduardo Jaime, afirma que la idea es que las chicas empiecen a jugar lo más temprano posible. “Hay que demostrarle a los padres que, si bien es violento y de contacto, este deporte no es malintencionado y enseña valores”, enfatiza. En el partido de Quilmes, se encuentra el club Don Bosco, el único que recluta a 15 niñas de entre 10 y 18 años. La precursora fue Yamila, una nena que entrenaba con los chicos de las infantiles, hasta que propuso, en 2001, formar su propio equipo con amigas y conocidas. “Lo único malo es que no tenemos competencia, por la edad de las chicas”, lamenta el entrenador Nicolás Boggiano.

Encuentro entre Muni y GEI
Los torneos nacionales en los que participaron este año las rugbiers fueron cuatro: los de VILO y GEI (Bs. As.), el de Malén (Bahia Blanca) y el Sixto, de Chaco. Las Ñandú, que cuentan con el mayor apoyo de la dirigencia, además, disputaron en Montevideo la copa Valentín Martínez, en la que enfrentaron a Brasil, Uruguay y Chile. En este punto, las opiniones de los clubes varían. “Sólo hay posibilidades de tener competencia viajando, el problema es que no todas tienen la plata y la URBA no nos ayuda”, reprueba Laura, y agrega: “Tengo entendido que hay cierto interés, pero es de palabra, podríamos haber ido a los torneos del Interior y no lo hicimos”. Por otra parte, para VILO y GEI el soporte de la URBA fue fundamental para el crecimiento y desarrollo del rugby. “Se ha comprometido, le faltan aceitar algunas cosas, como en cualquier proyecto que recién empieza, pero hasta el momento todo lo que le hemos pedido nos fue dado”, defiende Núñez.
Todos se ponen de acuerdo en una cosa: el principal enemigo del rugby femenino es el prejuicio que hay alrededor de las jugadoras. “La gente piensa que somos machonas, todas enormes… bestias. Les sorprende que nos arreglemos para salir, que tengamos novio y que seamos chicas comunes y corrientes”, decía Marilú Casal, de VILO, en una nota del diario Clarín de 2004. “Yo misma, antes de empezar, me imaginaba que me iba a encontrar osos, pero ves de todo”, ríe Laura. “Miles de personas me criticaron, aunque no significa nada. Es parte de la sociedad”, sintetiza.
En cuanto a las diferencias con el rugby masculino, Laura Borodnicoff indica que no existen: “Ellos sólo juegan más fuerte y manejan mejor la pelota porque entrenan desde chicos”. El no haber podido empezar desde más jóvenes es una desventaja para ellas, ya que cuánto más grande es una persona, menor es su capacidad de aprendizaje. “Por suerte, nuestras familias y los chicos que hacen rugby entienden que venimos luchando por esto hace mucho y valoran nuestros esfuerzos”, comenta la ñandú Gabriela Ptak.
El rugby femenino tiene muchas trabas y muchos aspectos que aún faltan ajustar. Pero a fuerza de voluntad, las chicas prometen seguir avanzando y superando a todos los problemas que surjan, tal como si les hicieran un scrum.
Más información: http://www.arpiasrugby.com.ar
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