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Mostrando entradas con la etiqueta por la ciudad. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 16 de junio de 2010

Plaza de Mayo rastizada


En el patio de comidas de Galerías Pacífico, se pueden encontrar con una construcción hecha por Rasti de la Plaza de Mayo. Están el Cabildo, la Catedral y la Casa Rosada, entre otros edificios emblemáticos. Incluso están señalizadas las calles. Si un día andan por el centro, ya saben.

Y si prefieren los Lego, vean este video con los goles del partido de Inglaterra vs. Estados Unidos. Viene con la perlita del arquero inglés.




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lunes, 20 de julio de 2009

Imprudencia vial

Según trascendió la semana pasada a partir de un relevamiento hecho por la Defensoría del Pueblo porteña, el 44,8 por ciento de las víctimas en accidentes de tránsito son los peatones, ya sea por no mirar los semáforos, cruzar en rojo o atravesar la calle en la mitad y no donde lo indica la senda.

El dato revela la importancia de que la educación vial no sólo competa a quienes sacan el registro de conducir, sino que también forme parte de los programas escolares para que todos sepan comprender y respetar las normas de tránsito. De hecho, el año pasado con mi colega Sol entrevistamos a Pablo Martínez Carignano, director de Seguridad Vial del Gobierno porteño, que nos dio su completo acuerdo al respecto pero alegó que no existe la voluntad política para ejecutar un plan de seguridad vial extendido a las escuelas.

Ahora si la educación vial es un pilar fundamental, la adecuada infraestructura y señalización en las calles es el marco. Quiso el destino al azar que el miércoles y hoy pasara por la estación de Constitución, zona en la que -de acuerdo con el citado estudio- hubo mayor cantidad de accidentes con peatones involucrados.

Tanto el miércoles como hoy, los semáforos peatonales para cruzar desde las dársenas de los colectivos a la estación no funcionaban. Sí andaban los de tránsito, pero era imposible saber si estaba por cambiar la luz, o si estaba en rojo o en verde. La mayoría de los peatones, desorientados, terminaron cruzando la calle a las corridas con los colectivos que les pisaban los talones o, en su defecto, les volaba las pelucas.
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jueves, 9 de julio de 2009

De gripes y gente loca

En estos días de tanta paranoia colectiva, un simple estornudo puede ser sinónimo de exclusión social.
Sin ir más lejos, casi todos los días arriba del bondi, camino al trabajo, me vi aislada por sonarme la nariz. Tenía ganas de gritarles: "¡Gente, tengo alergia (a los giles y al polvo)! ¡El smog del colectivo y ustedes me ponen así, no es porcina!". Pero, claro, no hubiera cambiado nada.
Además, se puede sacar cierto provecho al respecto, como toser de una forma fulminante -aunque finjida- para conseguir antes un lugar en el que sentarse.
La semana pasada, a la vuelta del trabajo en esta ocasión, subí a un bondi absolutamente repleto. Sólo había un asiento vacío, a pesar de la multitud de pie. Con el cansancio que tenía, le faltaba el halo de luz desde el cielo.
Era un asiento doble, así que le pedí permiso al hombre que estaba al lado del pasillo para pasar. Ahí se me cruzó que el tipo debía tener todas las toses infectosas del mundo unidas y que, por eso, más allá de ser el único espacio libre en un bondi lleno, la gente me miraba entre una mezcla de "Está loca" y ojos compasivos.
Por las dudas, abrí la ventanilla con el frío y todos los rulos al vuelo. Pero el hombre no tosió ni estornudo ni nada en ningún momento. Lo único que hizo fue pasarse todo el viaje hablando por teléfono a los gritos y gestualizaciones. Supuse que se estaba peleando con alguien a través del manos libres del celular porque cada dos segundos tiraba un insulto y agitaba las dos manos.
Cuando llegó el momento de bajarme, le pedí que me dejara pasar. Fue ahí que me di cuenta de que el hombre ¡no tenía absolutamente nada en sus orejas!
Sé que no soy la única -en estos tiempos modernos- a la que le cuesta distinguir si un hombre que habla solo por la calle está loco o usa el talk del teléfono, pero de ahí a viajar una hora al lado de un loquito hay un salto importante. Juro que temí por mi vida más que si viajaba con un engripado. Para la próxima, ya sé que tengo que estar atenta a los lugares vacíos...

Foto: Diario La Capital
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viernes, 13 de marzo de 2009

Quién dijo que faltan monedas

La escasez de monedas es algo corriente con lo que tuvimos que aprender a convivir. Por eso, me llamó la atención que, el otro día camino a TEA, viera tantos de esos preciados circulitos metálicos tirados en la calle.

La primera que vi era una de cinco centavos. Me sentí medio miserable y no la levanté, como quien está en el supermercado y no recibe el redondeo a favor y no dice nada porque "dale, ya fue, son 5 centavos".

En la cuadra siguiente, vi otra, pero de diez. Ahí se me cruzó por la cabeza que si no me alcanzaba para el bondi por 15 centavos lo iba a lamentar, pero tampoco la levanté.

Tres cuadras después, y no es chiste, vi una de ¡25! centavos. Parecía que el destino iba redoblando su apuesta para tentarme con las moneditas. Esta vez me agaché como todo una lady y me la guardé en el bolsillo.

Ahora, esto tira por tierra una teoría que había desarrollado cuando era chiquita. No se rían, pero cuando aún era una niña me vivía encontrando monedas en la calle y, como la más caradura, las levantaba, sin importar que se le hubieran caido a la chica de la parada del colectivo. La suerte se cortó con la crisis de 2001. Nunca más me encontré monedas hasta que empecé a salir con Gonza y él es testigo de esto.

Lo cierto es que pensé que, en los últimos tiempos, con los flacos que te piden una monedita y la escasez, más la crisis mundial (?), encontrar plata en el suelo era imposible. Pero se ve que no. Yo que ustedes miro en el piso cuando no les alcance para el colectivo, basta de filas en el banco.
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miércoles, 25 de febrero de 2009

Una ciudad que respira

En Arce y Jorge Newbery: "Aires Buenos Aires Cultura para respirar" Sigue...

miércoles, 15 de octubre de 2008

Zoo-bondi

No es por ser repetitiva. Ya son varios los posts en los que hago referencia a los colectivos (como éste, éste y éste), pero la ciudad está llena de locos y en los bondis no sólo se conglomeran, sino que, además, se potencian.

Hoy, camino a la facultad y para no variar, se me hizo tarde. De hecho, tenía que estar a la 1 y eran las 12.58 cuando todavía esperaba en la parada. Por suerte, el colectivo llegó rápido, así que a la una menos uno me interné en la selva de cuatro ruedas.

El único lugar libre era adelante de todo, al lado de la máquina expendedora de boletos, en los asientos reservados para los viejos. Me senté igual, mucho viaje como para ir de pie colgada cual mono.

Enseguida, se subió una chica con una señora un tanto mayor. "Noventa", pidió y siguió de largo dejando el vuelto. Le avisé. Volvió. "Te falta un boleto", le gritó el chofer. Había pedido uno, no dos. Volvió otra vez. Sube otra persona. "Alguien se dejo un boleto", dijo un chico. Volvió.

La situación me hizo acordar a cuando una compañera de la facultad, que es de Bahía Blanca, me contó que la primera vez que vino a Capital supuso que teníamos tecnología de avanzada y le pidió a la máquina el boleto de 80. Estuvo cerca de 5 minutos susurrándole al armatoste sin tener respuesta hasta que el colectivero le preguntó qué estaba esperando.

Por algún motivo, el chofer se dispuso a agarrar todos los semáforos en rojo e ir a paso de hombre. Ya se me estaba haciendo más que tarde y, para hacerme compañía en un momento grato de histeria, se me sentó al lado un tipo con olor a chivo. Tarde, el bondi más lento que un caracol y un apestoso al lado, ¿algo más?

Sí, el desconoce-desodorantes abrió la ventanilla y empezó a gastar a todo aquel que llevara camiseta de fútbol. Oportunamente, a media ciudad se le ocurrió salir con la casaca de su club de barrio. "Eeh, no podés salir con eso, amargo", "A ustedes los vamos a vacunar", "Qué feos colores", "Esa yo la tengo para secarme después de usar el bidet" y similares expresiones tuve que tolerar durante el trayecto.

Se bajó una parada antes que yo. Por lo menos, tuve dos cuadras de paz.
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viernes, 26 de septiembre de 2008

Odisea en el subte

El haber terminado antes el parcial me arrojó a una Buenos Aires recién levantada y en vísperas de caótica. Era la hora pico en la que colapsan todos los medios de transportes y justo se me ocurrió ir a tomar el subte.

Obviamente estaba repleto, así que después de dejar pasar como cinco, pude hacerme un lugar entre empujones de los de afuera, la resistencia de los de adentro, puteadas y pateadas.

De alguna forma, con los movimientos de la gente desesperada para bajarse, terminé sentada y con el diario que me regalaron en la facultad abierto de par en par, mientras las personas se seguían comprimiendo para que todos pudieran entrar.

Entre la lectura del diario y la vista privilegiada a semejante espectáculo, no me di cuenta que la siguiente parada era la mía. Para cuando reaccioné, ya estaba llegando y yo seguía en el medio del vagón muy lejos de ambas puertas.

En su momento, fue la histeria. Me levanté nerviosa porque se me pasaba la estación. Desde luego que no hubiera sido el fin del mundo. Si me bajaba en la otra sólo tenía que caminar tres cuadras. Pero yo me quería bajar ahí. Le pedí permiso a una mina. Un "Carlitos" en el léxico de mi mamá. Debía medir 1.80 metros y tendría la espalda del tamaño de un patovica.

"¿Esta es tu estación?", me preguntó. Le asentí con la cabeza en un gesto medio desesperado. "Bueno, no te preocupes, que salir vamos a salir. Yo también me bajo acá", me dijo. "Vamos a salir", repitió como si se tratara de una cuestión de vida o muerte.

Los carteles rojos aparecían por la ventana. La mujer empezó a gritar: "¡¡Permiso!! ¡¡Permiso!!" mientras apartaba a la gente a lo fuerza bruta; otros, creo que se corrían solos del miedo. En menos de dos segundos, se abrió camino hasta la puerta y yo iba atrás de ella feliz y galopante.

Para la próxima, ya sé que me tengo que volver a pie o con guardaespaldas.
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lunes, 11 de agosto de 2008

Dos temas

Tema 1
Como comprenderán con la falta de actualización, estuve de viaje por el noreste argentino en estas vacaciones de invierno. Quizás, en otra ocasión, escriba algunas anécdotas al respecto. Pero lo que quería resaltar es esa bonita costumbre que tienen en los pueblos del Interior de saludar aunque sea a desconocidos.

Me sentí bastante a gusto con eso. Soy de esas personas que saludan al colectivero aunque sean las 7 de la mañana de un día con tormenta después de esperar 20 minutos y estar llegando tarde. Los porteños saben que acá, si en la calle te saluda un tipo, mejor salir corriendo y no mirar porque puede ser un violador.

Mismo los hombres del delivery. El otro día, en mi casa pedimos una docena y media empanadas. Había que pagar 50 pesos redondo. El hambre hace que uno gaste esas cuentas desorbitantes (tres pesos cada empanada, pará). Con la escasez de monedas, más que era justo un billete, no le dimos propina al que trajo el pedido. Traté de remarla siendo simpática. Le dije: "Hasta luego, que tengas buenas noches" con sonrisa de gila, cuando al toque me cayó la lluvia de puteadas. En cambio, en Apóstoles, una de las ciudades en las que estuve, la gente es un poquito más amable.

Tema 2
¿Vieron esas situaciones en las que uno no quiere que lo vea nadie, sea porque está recién levantado, sin maquillar o vestido a modo de pijama? Por alguna razón, siempre salgo mal de los subtes. No sé, me desoriento. Hace unos días, salí para el otro lado de la estación Medrano de la línea B. Cuando me di cuenta, di media vuelta y volví para atrás, pero antes crucé la calle, cosa de no quedar como la tonta que se equivoca y vuelve a pasar por el mismo lugar (aunque fuese así).

Mala suerte la mía, al día siguiente una amiga me mandó un mensaje porque me vio pasar dos veces por la puerta de la farmacia en la que trabaja.

Más mala suerte la de mi profesora de francés, que el jueves pasado camino a Ideas del Sur con Sol (léase Pancitos) para hacer una entrevista, me la encontré cuando hurgaba un tacho de basura. Ignoro si es indigente, le pagan mal, le fallan algunos jugadores o si se le cayó algo y lo último que quería era encontrarse a alguien. Pero la pesqué justo, justísimo.

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martes, 15 de julio de 2008

Carriles exclusivos: mucho ruido, pocas soluciones

Desde hace varias semanas que colectivos y taxis enseñan en las calles porteñas carteles a favor o en contra, respectivamente, de los carriles exclusivos anunciados por el jefe de Gobierno Mauricio Macri en junio pasado.

Es así que mientras los taxistas reclaman no ser excluidos del plan de tránsito que prevé dos sendas de uso único para el transporte de pasajeros, los colectiveros reivindican la necesidad de disminuir el tiempo de viaje.


Un poco más lejos de la discusión quedó la parte del plan que supone la creación de un contracarril en las avenidas Jujuy-Pueyrredón, desde el tramo de Belgrano hasta Santa Fe, y en la mencionada Santa Fe, desde Cerrito hasta Plaza Italia, con el fin de aligerar el tránsito en las calles aledañas y disminuir la contaminación sonora.

En una entrevista del 10 de junio último realizada por el diario La Prensa, el director general de Transporte de la ciudad, Guillermo Krantzer, afirmaba: “Así liberaremos a la gente que vive en Marcelo T. de Alvear o calles más chicas [como Larrea y Paso] del padecimiento de tener un servicio de colectivos constante y con un nivel sonoro equivalente a 85 decibeles, cuando la Organización Mundial de la Salud habla de 70 como el máximo tolerable”.



En este punto, hay varias cuestiones que no terminan de cerrar. En la esquina de Pueyrredón y Santa Fe, según el mapa de ruido que presentó el Gobierno porteño en 2006, la contaminación sonora alcanza los 90 decibeles en horas picos. Por allí pasan 9 líneas de colectivos en total. Ahora, si Santa Fe y Pueyrredón se hacen doble mano, la circulación de colectivos se duplicará ¿Cuántos decibeles habrá en esa esquina? ¿Y a lo largo de toda Santa Fe y toda Pueyrredón? ¿Qué hay de los afortunados vecinos que viven sobre estas avenidas?

Además, los autos particulares tendrían que circular obligatoriamente por las supuestas calles liberadas de colectivos. Nada garantiza, entonces, que el tránsito disminuya. Ni nada protege a los vecinos de la contaminación sonora generada por los coches, sin mencionar a los siempre presentes camiones.


El caos sería mayor aún si se tiene en cuenta que, ante la falta de control de tránsito, los colectivos tienden a quedarse en las bocacalles bloqueando el paso de los otros vehículos cuando cambia el semáforo a rojo. No hay nada en el plan ideado por Krantzer que estipule qué hacer para evitar esto.

Noticias por Doquier intentó plantear los problemas al director, pero luego de tres semanas de evasivas, Krantzer alegó un oportuno viaje al exterior. “El tema del tránsito y del transporte en la Ciudad no se soluciona con medidas aisladas sino con un plan general, que hasta el momento, no existe”, sostiene el presidente del bloque Frente para la Victoria en la Legislatura porteña Diego Kravetz.

Así estamos.

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viernes, 30 de mayo de 2008

Poco tolerante

Los bondis deberían declararse insalubres. Denle los carriles exclusivos, aumenten de vuelta los boletos, lo que sea pero que no nos hagan sufrir más. Estos últimos días, anduve con muy pocas pulgas y fue arriba de los colectivos donde más psicótica me puse.

Boliche-bondi
Anteayer a la mañana, camino a la facultad, me subí al bondi y vi que el chofer estaba dando saltitos arriba de su silla. Cuando me saqué los auriculares de la radio para pedirle el boleto entendí porqué. El tipo estaba escuchando la discografía de Madonna a lo que daba el volumen de su estéreo. Al ritmo de "Express yourself" marcaba los botones de 0.90 y 1 peso. Parecía extasiado, mientras que todos los pasajeros -me incluyo- teníamos la cara de muerte en vida característica de quien madrugó.
Para hacerlo más bizarro, a las cinco cuadras subió una legión de nenes de primario con sus mamás escandalizadas porque la música estaba muy fuerte y encima sonaba "Like a Virgin". No era para tanto, era la voz, no Madonna en bolas. Pero ellas estaban escandalizadas igual.
En cualquier otra ocasión, me hubiera causado mucha más gracia, pero a las 8 de la mañana, lo último que uno quiere es que le taladren la cabeza de esa forma. Todo mal.

El maravilloso 64
Hoy mientras volvía a casa, me pasó algo que me hizo acordar al post de Sol. Adelante, en diagonal tenía un nene que con todas sus fuerzas intentaba abrir la ventanilla. Como él no podía, lo quiso ayudar la mamá. Estaban los dos cual monos dandole con todo a la ventana hasta que se abrió un poquito.
Con esos dos, el colectivo que escupía gente y la mina que apoyaba su bolso arriba de mi cabeza, la verdad que estaba bastante fastidiada. La ventana se abrió del todo de repente y ahí me di cuenta del por qué tanta desesperación. El nene agarró y se vomitó el equivalente a cuatro platos de comida repletos, según la suciedad que había en los vidrios y en los techos de los autos aledaños.
En el medio, la flaca que me usaba de perchero me pisó el dedo chiquito del pie con su taco aguja y vi a mi amanerado (por no decir otra cosa) ex profesor de matemática en el colectivo de enfrente con su novio. Un circo en cuestión de dos minutos.
Encima, había tanto olor que preferí bajarme antes de devolverle el asqueroso favor al niño en su cara. Para qué. Me hice las quince cuadras hasta mi casa muriendome de frío.

En síntesis, no puedo esperar a que inauguren la línea H del subte.
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viernes, 23 de mayo de 2008

La ciudad se cubrió de celeste y blanco (y de hipocresía)


En estos días cercanos al 25 de Mayo, a muchos les agarra un sentimiento de patriotismo nacionalista argentino a morir que desaparece inocentemente -o no- el resto del año. Me incluyo un poquito, porque estuve hoy toda la mañana y tarde tratando conseguir una de esas famosas banderitas que los taxistas han de tener de colección. Tenía ganas de ponerla en la ventana de mi pieza.

Mientras esperaba el bondi a la salida de la facu, ya había visto varios autos que llevaban a los susodichos banderines. Pensé que había una fiebre de ¡Viva la Patria! y que estaban orgullosos de su país, hasta que -arriba del 15- vi que los regalaban en casi todas las esquinas de las avenidas. Así cualquiera. Son como los nenes chiquititos, que ven que regalan algo y se tiran sobre el promotor barra promotora.


Bueno, sí, yo también. De caradura, le pedí a la mina que estaba repartiendo si no me podía dar una banderita. Tuvo la intención, pero justo al bondi se le ocurrió arrancar en el medio. Ahí perdí la gran oportunidad.

Para acrecentar mi angustia, en medio de Juan B. Justo había un cadáver de bandera, toda hecha trapito, pobrecita. Y los autos le pasaban por encima como si nada. Incluso, había algunos que la pisaban con -a falta de uno- tres banderines pegados. Unos sinvergüenzas.

Al mediodía, caminé por Luis M. Campos, Olleros y Libertador, sin suerte. Había unos cuantos coches estacionados que habían dejado el palito con tela blanquiceleste (no se me ocurren sinónimos), pero no me animé a arrancarlos y salir corriendo.

Cerca de las tres, en viaje sobre el 29, vi a un grupo de cartoneros que llevaban algunas banderas en sus carros. Me golpeó un poco esa muestra de afecto hacia un país que los margina. Hay muchos que se pegan el símbolo patrio en la ventanilla o en el saco y piensan que con eso son ciudadanos ejemplares. La mayoría se olvida que además hay un país.

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martes, 25 de marzo de 2008

Junto al campo

Este es el paisaje con el que me topé al salir de TEA:



Santa Fé y Agüero

Santa Fé y Laprida


Santa Fé y Pueyrredón

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sábado, 15 de marzo de 2008

Cuidado, imbéciles al volante

Algunos de los personajes que vi en el curso de Seguridad Vial dictado en General Roca para sacar la licencia de conducir y que espero jamás cruzarme por las calles:
  • un tipo que discutía a muerte todo lo que planteaba la profesora, desde el juego de luces para pasar en la ruta hasta las señales de tránsito ("si el cartel de 'ceder el paso' no dice nada, no tengo por qué cumplirla", y similares).
  • uno que cortó la discusión en seco y largó un "bueno, papá, callate, podemos seguir con la charla, no tengo todo el día".
  • los típicos que bostezan y están en otra, total ¿seguridad vial? es para los imberbes.
  • otro que preguntó al fin del segundo y último día de clase por qué estaba todo empezado, si el tenía para ese curso el martes y miércoles: "Sí, el 12 y 13", "Hoy es 11" (...)
  • dos flacos que estuvieron tres horas hablando de lo buena que estaba la rubia que llegó tarde.
  • la rubia propiamente dicha que masticaba chicle y lo pegó abajo del banco, y a mitad de la clase pidió un pañuelo porque había apoyado la pierna y se le había pegado al pantalón...

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miércoles, 12 de marzo de 2008

Las locuras de Mac and Donald

Hay algunas cosas que uno sólo puede ver a la 1 de la mañana, cuando los empleados están cansados de trabajar todo el día y solo piensan en cerrar el local para volver a sus casas. Pero si de fin de semana se trata, no pueden esperar a que los clientes se vayan para salir a enfiestarse. Y si los clientes no se van, cual montaña que va a Mahoma, se improvisa un bolichito en el mismo negocio.

Eso es lo que me pasó el sábado pasado en el McDonald's del Solar de la Abadía. Estaba con Gonza haciendo tiempo para ir a Frere, donde me iba a juntar con mis amigas. Antes de irnos, pasamos por el baño. Además de nosotros, quedaban otras 3 personas. La llave ya estaba en la puerta. Persona que se iba, persona que no podía volver a entrar.

Cuando salimos, ya no había nadie. Solo los mcdonalsdboys, que escuchaban la música a todo volumen. "Me gustas mucho", retumbaba en el parlante. Para bailar al ritmo de Viejas Locas, uno de los chicos de limpieza se paró arriba de una mesa y agarró el trapeador como si fuera una guitarra, mientras hacía movimientos pélvicos. A la vez, una de las cajeras lo aplaudía muy alevosamente.


Todos los empleados parecían más borrachos que adolescente revelación en su fiesta de egresados. Vaya a saber uno con qué. Un fermento de papa que cayó atrás del horno hace mucho tiempo quizás. Mientras salíamos del McDonald's, alguien tiró atrás un "viste, todavía había gente". Sigue...

jueves, 31 de enero de 2008

Campaña SEDRONAR


¿Alguien me puede explicar esta publicidad? Sigue...

martes, 13 de noviembre de 2007

Hora del té en el bondi

Entre la lluvia y el tumulto propio de un viernes a la tarde, encontré en el colectivo camino al Alto Palermo a un grupo de cuatro viejas sentadas charlando. Ni bien subí, lo primero que me llamó la atención fue eso: cuatro señoras mayores muy bien vestidas hablando casi a los gritos como si estuvieran en una confitería. Tuve la suerte de quedarme parada al lado de ellas, pensando en las cosas que tenía que hacer (preparar una entrevista, estudiar para un parcial) cuando oí una frase que acaparó mi atención por completo: "En España, no he visto ni a un solo chico pidiendo monedas", decía la del lado de la ventanilla atrás, de nacionalidad gallega, presupongo.

A partir de entonces, fueron comentarios tras comentarios de típícas viejas fifí. "Es que acá no hay valores", "No entiendo como un país como la Argentina está tan sumido en la miseria", "En España, nunca me han robado, y aquí ya van dos veces". En eso, interviene en la conversación la mujer que estaba a mi izquierda. "A mí para robarme un collar de oro me cortaron todo el cuello, es la droga que los pone así". Las viejas acotaron: "Antes te sabían robar bien, por lo menos, no te lastimaban", "Y tenían buen ojo, ahora no saben distinguir el oro de la plata o de cualquier otra baratija", "Yo por eso tengo cuidado con mis joyas" (en ese instante, las cuatro empezaron a mostrar toda su bijouterie), "Además, muchas de las cosas que llevo puestas tienen valor afectivo", "Te das cuenta enseguida si alguien te quiere robar, porque se te queda mirando y yo ahí hago zas! y me voy lejos, lejos".

Casi me paso de la parada por escucharlas.
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jueves, 1 de noviembre de 2007

Un cartel sin calle


Después de un horrible partido de fútbol con mi equipo Gatoreit FC, que como de costumbre perdimos, dejé el bolso en casa y así como estaba fui a ejercer mi derecho de ciudadano. Para llegar a la escuela donde votaba, tomé un camino que nunca antes había usado, a pesar de vivir hace 21 años en la zona. Fui por una callecita que bordea la vía del Mitre y al club Harrod’s Gath y Chavez, cerca de Barrancas de Belgrano. Luego de pasar por un asentamiento cartonero, encontré algo que me llamó la atención: una señalización de calle donde no había calle. “Virrey Loreto 1400-1500”. El mismo estaba puesto casi sobre las vías. Del otro lado sólo estaban las canchas de tenis del club. Miré hacia la otra parte de la avenida porque capaz que señalaba la altura de la otra vereda pero no llegué a ver los números del cartel.

Seguí caminando, llegué al colegio y, tras una hora y un poco más, emití feliz mi voto. Volví a mi casa por Libertador para verificar lo que había pensado anteriormente. Pero no. La altura decía: “Virrey Loreto 1500-1600”. Qué extraño. He visto calles sin cartel, pero es la primera vez que veo un cartel sin calle.


Colaboración especial de Gonza para Noticias por Doquier.
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martes, 16 de octubre de 2007

Si de acomplejados se trata..

Domingo a la mañana en el subte B, camino a Chacarita. Gonzalo, yo y una mochila repleta de ropa, peluches y cuadernos de estudio. El sueño de haber salido la noche anterior. Un turista ¿brazuca? que nos pregunta cómo llegar a Hurligham. Gonzalo le da unas indicaciones y el tipo debe haber terminado en La Tablada.

Cuestión que, entre el sueño y el cargamento, mis ojos captaron un cartelito pegado en la puerta del subte al que le di una lectura rápida antes de bajarme. Decía Señor Presidente: exigimos un impuesto a la belleza para subsidiar a los feos. "Qué campaña tan particular" fue todo lo que pude pensar ante la somnoliencia. Pero recordé la página web que citaba debajo: http://www.feosexual.com.ar/

Finalmente, entré hoy a pispear. Sin dar vueltas, se trata de un libro escrito por un periodista de la revista Hombre, Gonzalo Otálora. El flaco era el típico chico de anteojos culo de botella, aparatos y muchos granos al que cargaban en la escuela. Su experiencia (o su trauma) lo impulsaron a escribir este libro que publica Editorial Planeta.


En una especie de delirio con cierta -y triste- raíz real, solicita al Gobierno un plan integral en los colegios para erradicar la violencia física y verbal, regulación del uso del photoshop y el maquillaje en revistas de belleza y publicidades, inclusión de actores poco atractivos como protagonistas en las novelas de amor y cupo feo en las empresas.

Otálora sostiene, además, que no existe el amor ciego, que uno quizás no pueda elegir de quién enamorarse, pero sí quién no le atrae, ya sea política, religiosa o, en especial, estéticamente.

A quienes les interese, en su blog se exponen distintas anécdotas, con mucho humor. Lindos o feos, es inevitable no sentirse identificado con, por lo menos, alguna de esas historias. Sigue...

viernes, 28 de septiembre de 2007

Les presento a mis amigas.. las comunas

Las Comunas, de acuerdo con su definición oficial, son unidades de gestión política y administrativa con competencia territorial. Es decir, son organismos de gobierno que tienen un ámbito territorial propio, con una base poblacional y autoridades electas, que funcionan dentro de la Ciudad de Buenos Aires. La Ley Orgánica de las Comunas fue aprobada por la Legislatura el 1° de septiembre de 2005, pero recién empezó a funcionar este año. Esta ley establece la separación de la ciudad de Buenos Aires en 15 secciones comunales, sin modificar la existencia de los barrios tradicionales. Cada Comuna estará identificada con un número, pero una vez conformadas los vecinos podrán elegirle un nombre.
El objetivo de este nuevo sistema es la descentralización: el Gobierno transfiere funciones y recursos a cada Comuna. A su vez, los vecinos y vecinas podrán participar en la adopción de medidas que den respuesta a las necesidades y problemáticas de su barrio. Esto permitirá una relación más directa y transparente entre el gobierno y la ciudadanía.

Cada Comuna va a estar gobernada por una Junta Comunal integrada por siete miembros -un presidente y seis delegados que, a su vez, representarán a una mayoría y dos minorías- elegidos por el voto directo de quienes habitan en ella. Las autoridades deberán vivir en la Comuna que representan y serán elegidas cada cuatro años. Asumirán recién después del 31 de diciembre de este año, cuando se complete la formación de los nuevos padrones electorales y la asignación de personal, entre otros puntos. Las listas para consejeros comunales tendrán una boleta aparte en los comicios.

Además, se prevé la creación de un Consejo Consultivo y Honorario, integrado por las organizaciones vecinales, que podrán asesorar a los consejeros comunales. La Junta Comunal, por su parte, podrá convocar audiencias públicas y consultas populares en el ámbito de la Comuna y en relación a las materias de su competencia.

Las Comunas tendrán su propio presupuesto, en cuya elaboración podrán participar los vecinos y el cual deberá ser aprobado con anterioridad por un Consejo Intercomunal, formado por los presidentes de cada Comuna. En los primeros dos años, el presupuesto total para todas no podrá superar el 5% del conjunto de recursos de la Ciudad. El presupuesto porteño va a seguir siendo uno solo, pero en él van a estar garantizados los fondos para que cada Comuna los destine de acuerdo a su propio plan de gobierno. Sin embargo, las Comunas no podrán crear impuestos, ya que los recursos tributarios de la Ciudad van a seguir teniendo el mismo origen, pero se van a distribuir de otra manera.

Con este nuevo sistema, las necesidades de los habitantes de cada Comuna podrán identificarse con mayor precisión, facilitando el diseño y ejecución de acciones más adecuadas para atender esas demandas. Las Comunas van a tener la posibilidad de atender estos requerimientos con sus propios recursos. Por otra parte, los vecinos podrán participar de la planificación y control del funcionamiento de la escuela o del centro de salud del barrio, aunque deberán sujetarse a la política educativa y sanitaria general. También tendrán en sus manos la capacidad de controlar que los distintos comercios e industrias cumplan con las normas de convivencia. El ejercicio del poder de policía va a depender de diferentes cuerpos de inspectores que responderán a cada una de las Comunas.

En un primer momento, la sede será determinada por el Poder Ejecutivo. No obstante, una vez constituidas las Juntas Comunales, serán éstas quienes definirán la localización definitiva y la creación de subsedes en cada uno de los barrios que integran la Comuna, para facilitar el acercamiento de los vecinos.

Los Centros de Gestión y Participación Comunales (CGPC) reemplazarán a los actuales Centros de Gestión y Participación, los cuales no tienen autonomía respecto al Poder Ejecutivo. En los CGPC, se podrán seguir realizando los trámites y servicios de los CGP: el Registro Civil y el pago de los impuestos municipales, aún cuando Rentas continúe dependiendo del Ministerio de Hacienda. Serán un canal para los trámites y los reclamos; pero también se harán cargo del mantenimiento de plazas y calles secundarias, generarán políticas culturales y sociales para el barrio, controlarán los servicios públicos y los comercios e industrias de su zona a través de un cuerpo de inspectores propios, e instrumentarán un sistema de mediación comunitaria, entre otras funciones.

En estos centros, funcionarán el Foro Asociativo Barrial y el Espacios de Participación Vecinal de esta Comuna, convocados por el Ministerio de Gestión Pública y Descentralización con el objetivo de crear canales participación ciudadana durante el proceso de Transición a las Comunas. Ambas instancias de participación serán las únicas institucionalmente reconocidas en el marco del Programa de Transición a las Comunas que enviarán un representante a la Mesa Cogestiva para la Transición que se constituirá en cada CGPC.

Los Foros Asociativos Barriales estarán integrados por las ONGs, Asociaciones e instituciones de los distintos barrios. A cada Comuna le corresponde uno. Para participar en ellos, es necesario inscribirse en el Ministerio de Gestión Pública y Descentralización del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ubicado en Av. de Mayo 591 6º piso. Para informes, se encuentra el correo electrónico: comunasdelaciudad@buenosaires.gov.ar.

Los Espacios de Participación Vecinal estarán conformados por todos los vecinos y vecinas que no representen ONGs y que quieran formar parte individualmente del proceso de Transición. En este caso, la inscripción para integrar este espacio se realiza en los mismos CGPC de la sección a la que se pertenece.

Durante junio y julio se realizaron dos campañas publicitarias en medios gráficos y la vía pública para difundir los fines de la nueva ley. En el mes de septiembre, 80 jóvenes recorrieron las doce mil manzanas, informando sobre los alcances de la descentralización y el contenido de la Ley de Comunas. De este modo, se producujo el proceso de Transición a las Comunas.

Para mayor información, el Gobierno de la Ciudad incorporó un Call Center, al que se puede acceder marcando la opción 8 -“Información sobre Comunas y servicios de los CGPC”- de la línea gratuita 0800-999-2727.

En la página web http://www.comunas.buenosaires.gov.ar/ se puede encontrar toda la información acerca de los beneficios de la descentralización y el proceso de Transición a las Comunas. Allí se explica cómo funcionarán las Comunas y cuáles son los asuntos de su incumbencia, cómo se elegirán sus autoridades y de qué podrán participar los vecinos y vecinas.

También se inauguró el blog http://www.comunas.buenosaires.gov.ar/blog que sigue la evolución de este plan.

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miércoles, 26 de septiembre de 2007

Por la Ciudad

La Ciudad de Buenos Aires es uno de esos lugares que, en pocas cuadras, puede transportarte a distintas partes del mundo. Las europeas calles de Barrio Norte y sus negocios de diseñadores internacionales. La zona judía del Abasto. Esa porción de Once donde las canciones de música peruana resuenan a toda hora. O bien, el legado de los inmigrantes italianos de principios del siglo XX en La Boca.

Un breve recorrido por la city porteña es suficiente para ver esa pluralidad de culturas que convergen y comparten el mismo espacio junto con el tradicional criollo. En orden geográfico, primero está La Boca. Casas bajas y coloridas. Un Caminito. Personas tangueando y turistas que las fotografían e, incluso, se suman al compás de los acordeones. Los potreros y los chicos que gambetean la pelota. La pasión futbolera.

Cambiar de paisaje es rápido. En Melo y Magallanes para el 64 que lleva a Plaza Miserere, más conocida como Plaza Once. Ahí, los carritos y bolsas de quienes hacen las grandes compras en los locales mayoristas se mezclan con la suciedad que destiñe el descuido de los transeúntes. Ya no hay turistas. Sino inmigrantes de países limítrofes, de Perú, Colombia y otras naciones latinoamericanas que circulan por veredas que ya les son propias.

Más adentro, hacia el lado de Avenida Corrientes y Anchorena, en las inmediaciones del Abasto, vuelve la tonalidad del tango. El espíritu de Carlos Gardel convive con la comunidad judía. Hombres con el kipá en la cabeza. Mujeres con grandes faldones y los cabellos cubiertos. Niños vestidos como si fueran adultos. Sinagogas. Clubes deportivos como Macabi.

Por último, sobre Corrientes frena el 124 para ir a Callao y Arenales. Pleno Barrio Norte. Una reminiscencia de la Belle Époque de la generación de 1880 que recuerda a las capitales del Viejo Continente. Lugar transitado por visitantes adinerados no tan dispuestos a abandonar los lujos de su hogar.

Sin dejar de mencionar al comparable con ciudades del Primer Mundo Puerto Madero, podría decirse que Buenos Aires tiene las mil y un identidades.
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