Hacía mucho tiempo que no iba al cine, pero como estaba de vacaciones y a veces se me da por tener regresiones, fui con mi novio a ver Madagascar 2.
Hasta ahí, nada de malo. Sé que no soy la única grandulona que la fue a ver porque, de hecho, me acompañó Gonza -otro pavote- y la sala estaba llena de gente más grande que yo (y que se reía muy zonzamente).
Lo que me remite a una especie de complejo de Peter Pan es haberme comprado la cajita feliz de Mc Donalds sólo para tener el muñequito de la película. Y a falta de una, fueron dos veces distintas que me comí una hamburguesita diminuta con papas y gaseosa a medida para quedarme con el peluche.

Así que ahora tengo a Alex, el león, y a un King Julien phsycally-fits-i-like-to-move-it-move-it dentro de su bolsa, porque es feo y lo voy a cambiar por Gloria, la hipopótama gordinflona.
Por cierto, si ustedes piensan que soy una chiquilina, mejor no les cuento la cara de los nenes al verme pasar con la cajita feliz..
Sigue...