



La Presidenta destacó el acceso a la información de la Web
No hubo shopping en Roma
En oposición desde hace 76 años
Por si fuera poco, pasamos por el costado que está vidriado, y, para hacer más grato el momento, estaban todas las mesas vacías ¿Es un chiste?
Bueno, sí, yo también. De caradura, le pedí a la mina que estaba repartiendo si no me podía dar una banderita. Tuvo la intención, pero justo al bondi se le ocurrió arrancar en el medio. Ahí perdí la gran oportunidad.
Para acrecentar mi angustia, en medio de Juan B. Justo había un cadáver de bandera, toda hecha trapito, pobrecita. Y los autos le pasaban por encima como si nada. Incluso, había algunos que la pisaban con -a falta de uno- tres banderines pegados. Unos sinvergüenzas.
Al mediodía, caminé por Luis M. Campos, Olleros y Libertador, sin suerte. Había unos cuantos coches estacionados que habían dejado el palito con tela blanquiceleste (no se me ocurren sinónimos), pero no me animé a arrancarlos y salir corriendo.
Cerca de las tres, en viaje sobre el 29, vi a un grupo de cartoneros que llevaban algunas banderas en sus carros. Me golpeó un poco esa muestra de afecto hacia un país que los margina. Hay muchos que se pegan el símbolo patrio en la ventanilla o en el saco y piensan que con eso son ciudadanos ejemplares. La mayoría se olvida que además hay un país.