Desde hace varias semanas que colectivos y taxis enseñan en las calles porteñas carteles a favor o en contra, respectivamente, de los carriles exclusivos anunciados por el jefe de Gobierno Mauricio Macri en junio pasado.
Es así que mientras los taxistas reclaman no ser excluidos del plan de tránsito que prevé dos sendas de uso único para el transporte de pasajeros, los colectiveros reivindican la necesidad de disminuir el tiempo de viaje.

Un poco más lejos de la discusión quedó la parte del plan que supone la creación de un contracarril en las avenidas Jujuy-Pueyrredón, desde el tramo de Belgrano hasta Santa Fe, y en la mencionada Santa Fe, desde Cerrito hasta Plaza Italia, con el fin de aligerar el tránsito en las calles aledañas y disminuir la contaminación sonora.
En una entrevista del 10 de junio último realizada por el diario La Prensa, el director general de Transporte de la ciudad, Guillermo Krantzer, afirmaba: “Así liberaremos a la gente que vive en Marcelo T. de Alvear o calles más chicas [como Larrea y Paso] del padecimiento de tener un servicio de colectivos constante y con un nivel sonoro equivalente a 85 decibeles, cuando la Organización Mundial de la Salud habla de 70 como el máximo tolerable”.
En este punto, hay varias cuestiones que no terminan de cerrar. En la esquina de Pueyrredón y Santa Fe, según el mapa de ruido que presentó el Gobierno porteño en 2006, la contaminación sonora alcanza los 90 decibeles en horas picos. Por allí pasan 9 líneas de colectivos en total. Ahora, si Santa Fe y Pueyrredón se hacen doble mano, la circulación de colectivos se duplicará ¿Cuántos decibeles habrá en esa esquina? ¿Y a lo largo de toda Santa Fe y toda Pueyrredón? ¿Qué hay de los afortunados vecinos que viven sobre estas avenidas?
Además, los autos particulares tendrían que circular obligatoriamente por las supuestas calles liberadas de colectivos. Nada garantiza, entonces, que el tránsito disminuya. Ni nada protege a los vecinos de la contaminación sonora generada por los coches, sin mencionar a los siempre presentes camiones.
El caos sería mayor aún si se tiene en cuenta que, ante la falta de control de tránsito, los colectivos tienden a quedarse en las bocacalles bloqueando el paso de los otros vehículos cuando cambia el semáforo a rojo. No hay nada en el plan ideado por Krantzer que estipule qué hacer para evitar esto.
Noticias por Doquier intentó plantear los problemas al director, pero luego de tres semanas de evasivas, Krantzer alegó un oportuno viaje al exterior. “El tema del tránsito y del transporte en la Ciudad no se soluciona con medidas aisladas sino con un plan general, que hasta el momento, no existe”, sostiene el presidente del bloque Frente para la Victoria en la Legislatura porteña Diego Kravetz.
Así estamos.
Sigue...